Consejos para leer bien la Biblia

Es bueno que cada persona tenga su propia Biblia donde pueda subrayar libremente los textos más importantes y significativos en relación con su vida de fe, su vida de oración, su seguimiento de Cristo, la evangelización, etc. También puede añadir notas personales, preguntas derivadas de su propia reflexión y experiencia pastoral, notas tomadas durante las sesiones, recuerdos o lecturas, etc. Es una forma práctica de aprender y de tener el deseo de saber.

Tener una Biblia personal

Después de leer la introducción de un libro, puedes empezar a leer el texto mismo. No se apresure a leer todo de una vez. Sólo lee un pasaje o un párrafo. Lee con atención y respeto, abriendo tu corazón a lo que Dios quiere que expreses. Subraye los textos que le llaman la atención. Haga de su lectura una oración.

En una primera lectura del texto, es aconsejable leer siempre las notas explicativas y los comentarios para comprender mejor los textos bíblicos más difíciles. Son explicaciones escritas por especialistas, que hay que intentar comprender y que normalmente hay que admitir con confianza. Muchas personas no leen atentamente estas notas explicativas, no entienden un texto en su propio contexto, ni entienden la diferencia entre los distintos géneros literarios y doctrinales. Finalmente, aburridos, dejan de leer la Biblia.

Tener su propia Biblia

Los cursos intensivos de Biblia, con un buen profesor, también pueden ayudar mucho, y pueden ser esenciales si quieres entender algunos problemas técnicos y notas.

¡Así que sigamos adelante! ... Trata de organizar tu vida de tal manera que cada día puedas encontrar un tiempo, de 5 a 10 minutos, para leer la Biblia. Busca un lugar tranquilo. Empieza a rezar. Leer sistemáticamente, no volteando de una parte a otra o abriendo el libro al azar, en cualquier página. Nunca lea la Biblia simplemente para satisfacer su curiosidad o simplemente para saber más, sino para buscar lo que Dios quiere decirle.

Porque la Biblia es la Palabra de Dios, es la carta que envía a sus hijos. No busques en ella la ciencia, sino la sabiduría. No tengas miedo de subrayar y enmarcar en tu Biblia los textos que te impactan. La Biblia no es un libro para guardar en un armario, sino para leer todos los días. San Jerónimo decía: "No debes empezar tu descanso nocturno sin llenar tu corazón con una pequeña parte de la Palabra de Dios".

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